Somos voces de una lengua que se duerme en el destino y cuyos gritos la desvelan por el despertar latino y en su afán nos enseña como madre a sus hijos a que dejemos nuestra huella con los pies de nuestro amigo.
Somos todo el equipaje de un mismo morral que pide cola en la calle porque el quiere rodar como el polen de flores buscando fecundar a lo largo de su viaje a toda la hispanidad.