Honda bruma de silencio La empezó a acercar Y un día al pairo se quedó En las sordas aguas Sin retorno de ese mar Que su mirada anegó Sus caricias que eran mías No volvieron más Del profundo exilio de la soledad
¿De qué ausencias callarían con su corazón? ¿De qué cenizas del amor? ¿Qué partidas tristes O reencuentros sin pasión? ¿Qué vigilia del dolor? Se escondía, le dolía De la vida al fin La melancolía que deja el vivir
Silenciosa deshojaba Hebra a hebra la quietud Sobre su regazo Que habitaba la humildad En sus manos tibias que hilaron la luz Con agujas de suspiros Se pone a tejer Aquellos recuerdos de madre y mujer
Han pasado muchos años pero sigue en mí Y la he empezado a comprender Esas fugas suyas Donde no reconocí La mordaza de querer Madre mía, sangre mía De su amor mamé Y hasta me sorprendo pareciéndome
Mi silencio y su silencio van buscándose Ser silencioso no es callar Con los años uno aprende A saber decir toda el alma sin hablar Tallo arriba va la vida creciendo feliz Mientras uno va volviéndose raíz
Silenciosa deshojaba Hebra a hebra la quietud Sobre su regazo Que habitaba la humildad En sus manos tibias que hilaron la luz Con agujas de suspiros Se pone a tejer Aquellos recuerdos de madre y mujer